Nota: El País



Compartimos extracto de nota publicada por el diario El País el pasado 13 de Mayo de 2018

 

..La organización.


El Movimiento Tacurú es una organización católica salesiana que surgió en 1981 con el objetivo de brindar atención y contención a través de actividades sociales, deportivas, educativas y laborales a jóvenes que viven "en sectores de la ciudad que presentan el mayor índice de necesidades básicas insatisfechas".

Según explica su director, el Padre Néstor Castell, Tacurú tiene cuatro formas de llegar a esos jóvenes. Una es a través de convenios educativos-laborales que tiene la organización con la Intendencia de Montevideo desde hace 25 años. La tarea consiste en el barrido y la limpieza de plazas y parques de distintos puntos de la capital, y también de las calles y veredas al cierre de las ferias vecinales.

"La intendencia hace llamados, nosotros nos presentamos y si ganamos la licitación, por un año o a veces más tiempo, un grupo de jóvenes de 18 a 25 años se ocupan de esas tareas", explicó Castell.

 

La labor se cumple de lunes a sábado, de 7:00 a 14:00 horas, y perciben un sueldo mensual de 18 mil pesos. Ese dinero es financiado en su totalidad por la comuna.

"Detrás de esos muchachos barriendo con el uniforme de Tacurú hay historias notables, como por ejemplo chicas jóvenes que tienen dos o tres hijos y sostienen a la familia con ese trabajo", explicó el padre.

 

Mediante otro convenio con la comuna reparan refugios en las paradas de ómnibus, construyen viviendas para familias que viven en casas muy precarias o cuando la comuna realiza el realojo de un asentamiento.

"La intendencia nos marca qué casas son y un equipo de jóvenes de Tacurú que fueron capacitados en albañilería, las arreglan o las construyen de cero", dijo Castell. "Salen sabiendo un oficio, aprenden a poner cimientos, a levantar una pared, a colocar una puerta y un techo, y además perciben un sueldo para poder sostenerse", subrayó.

La ONG emplea en promedio a unos 400 jóvenes para las diferentes tareas.

 

Valores.
Pero no todo es trabajo. Una vez por semana los jóvenes se juntan tres horas con educadores, psicólogos y asistentes sociales en una instancia "donde se habla de valores, de debilidades que ellos puedan tener, o se dan charlas sobre consumo problemático de sustancias, por ejemplo", contó el director.

Según explica Castell, en los convenios con la IMM está claramente definido para qué conceptos se destina el dinero.

"Nos exigen una liquidación detallada: 92% se destina al pago de sueldos de los jóvenes trabajadores y 8% a psicólogos, asistentes sociales, educadores y otros gastos que tenemos en el movimiento, sobre todo para mantener la casa de Tacurú".

 

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